Trabajar por tu cuenta, sin perder la cabeza
- 30 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 19 feb
Emprender tu propio camino laboral, puede ser tan emocionante como abrumador. Te comparto los hábitos que me ayudaron a avanzar con orden y foco.
Trabajar por tu cuenta te abre un mundo de posibilidades: darle vida a tus ideas, manejar los horarios, trabajar desde cualquier lugar, y más adelante elegir los proyectos que te gustan. Pero, esa libertad sin ninguna dirección o límite, puede llevarnos por un camino complicado. Sobre todo, si sos una persona dispersa como yo.
Si estás empezando tu propio camino laboral o estás pensando en hacerlo, te comparto algunos de los hábitos que me ayudaron a encontrar mi propio ritmo laboral.
1. Mantener una rutina (aunque sea flexible)
Cuando decidí empezar a trabajar por mi cuenta, tenía claro que necesitaba sostener una rutina similar a la que tenía en relación de dependencia por varias razones:
La primera razón es simple: era una rutina que ya tenía incorporada y que me gustaba. Levantarme temprano, desayunar tranquila, prepararme, trabajar por la mañana, cortar al mediodía, volver, hacer alguna actividad y cerrar el día. Puede sonar repetitivo y aburrido, pero a mí me funcionaba. Y cuando pasé a ser "mi propia jefa" entendía que ese compromiso tenía que ser todavía mayor.
La segunda razón es que soy bastante desorganizada, con lo cual me apoyo mucho en las rutinas porque me dan estructura, me enfocan y me ordenan mentalmente. Me ayudan a no dispersarme y a saber qué tengo que hacer y cuándo.
Hoy con el diario del lunes, puedo decirte que mantener la rutina, fue una de las mejores decisiones que tomé. Porque si bien una de las grandes ventajas de ser freelance es poder manejar tus tiempos... no gestionarlo bien, puede jugarnos muy en contra y pasar del “hoy arranco más tarde” al “mañana lo hago”, y de ahí a sentir que todo es improvisación.
Con esto no quiero decir que las rutinas sean rígidas. Si un día surge algo distinto, bienvenido!
Pero esa flexibilidad funciona mucho mejor cuando existe una estructura por detrás.
2. Establecer un día de administración
Si hay algo que suele quedar relegado cuando trabajamos de forma independiente es la parte administrativa. Facturas, pagos, cuentas, presupuestos, control de ingresos y egresos. Todo eso conviviendo con el trabajo creativo suele ser una combinación caótica.
Al principio, para mí lo era. Hasta que decidí asignarle un día fijo al mes exclusivamente a eso: mi “día de administración”.
Ese día reviso y pago cuentas, organizo documentos, controlo números y dejo todo en orden. Está lejos de ser mi actividad favorita, por eso a ese día intento ponerle la mejor de las ondas: pongo buena música, mates, algo rico para acompañar y me mentalizo en que al final de ese día, no tengo más ese pendiente.
Tener un momento específico para esta parte del trabajo me libera mentalmente el resto del mes. Porque no hay nada que quite más foco que esa lista invisible de pendientes administrativos dando vueltas en la cabeza.
3. Aprovechar los momentos de menos trabajo
Trabajar independiente tiene algo que no siempre nos enseñan a manejar: los ciclos. Hay momentos de mucha demanda y otros más tranquilos. Y los segundos a veces, o al menos cuando estamos empezando, suelen venir acompañados de incertidumbre, dudas y ansiedad.
Personalmente, cuando bajaba el ritmo de trabajo, me aparecían todos los fantasmas posibles (por ejemplo el que venía a decirme que ya no iba a tener otro trabajo). Hasta que entendí que esos momentos son una gran oportunidad para ordenar, pensar propuestas, mejorar procesos, crear nuevos servicios, capacitarme, generar contenidos, contactar potenciales clientes y hacer todas esas cosas que generalmente quedan postergadas porque no tenemos tiempo.
Los momentos que parecen menos productivos, son los que más tenemos que aprovechar.
4. Separar trabajo y vida personal (aunque trabajes desde casa)
Este punto es difícil, porque cuando creas tu propio camino laboral los límites entre la vida personal y la laboral se desdibujan. No solo físicamente (puede que el living ahora también sea tu oficina) sino que mentalmente también es complejo. Probablemente te encuentres un domingo en un asado familiar pensando cómo abordar un proyecto o respondiendo un mail.
Trabajar por tu cuenta no significa estar disponible todo el tiempo. Por eso el primer punto es tan importante. Si creamos una rutina laboral, nos vamos a sentir más seguras con el tiempo que tenemos disponible para trabajar.
5. Construir constancia y disciplina antes que motivación
La motivación es volátil. Hay días en los que sobra y otros en los que no aparece ni una gota. Por eso, depender de ella, es bastaaante peligroso.
La constancia y la disciplina, en cambio, son las que sostienen el proceso. Avanzar un poco cada día, aunque no tengamos ganas, aunque no estemos inspiradas, aunque sintamos que no está bueno.
Lo chiquito, el paso a paso, es lo que al final construye algo más grande.
Emprender tu propio camino laboral trae consigo una gran dosis de autoconocimiento. Vas a descubrir cómo funcionás, qué te ordena, qué te disperta, qué te asusta y qué te entusiasma. Vas a tener días de euforia y otros de mucha duda. Y en todos los casos, lo que va a marcar la diferencia es que logres construir una rutina y una estructura que te cuide y te sostenga.

Comentarios